Efectos especiales, una pequeña lección de historia
Los efectos especiales son un conjunto de técnicas que permiten simular, sobre la pantalla, una acción o una situación en tres ocasiones:
- cuando una escena es demasiado costosa para ser filmada.
- cuando la escena es demasiado peligrosa para proceder a su rodaje.
- cuando la escena es imposible de filmar.
Por ejemplo: reunir 60’000 figurantes para una escena de batalla, reconstruir el Coliseo o mostrar el duelo entre un actor y una fiera. Los efectos especiales permiten hacerlo de manera más económica y sin riesgo alguno. Los trucos permiten crear imágenes que son imposibles de obtener en directo: accidente de avión, destrucción de un monumento, monstruos y creaturas, naves espaciales, fenómenos paranormales, etc.
El primer efecto especial de la historia del cine ya era una escena “imposible”. Desde 1895, en The Execution of Mary, Queen of Scots de Alfred Clark, la reina camina hacia el tajo y se hace decapitar. El realizador detiene la cámara, reemplaza a la actriz por un maniquí, y procede a su decapitación. Proveniente del teatro y del ilusionismo, la magia de los efectos especiales hace su entrada en el mundo del cine.
Los cineastas comprendieron rápidamente, que era inútil edificar escenarios costosos representando la totalidad de un edificio, si sólo se mostraba la parte inferior del mismo. Representando el resto del escenario mediante un telón, el equipo lograba obtener, por poco dinero, la ilusión de un espacio vasto. Este arte, que hoy se llama matte painting, generó imágenes tan fuertes como el Xanadu mítico de Citizen Kane (1941) de Orson Welles, la casa sobre el acantilado en North by Northwest (1959) de Alfred Hitchcock, el inmenso cobertizo al final de Raiders of the Lost Ark (1981) de Steven Spielberg o los paisajes futuristas de la primera trilogía de Star Wars (1977) de George Lucas.
Cuando la pintura no basta para alcanzar un resultado realista, los cineastas utilizan otra técnica mayor de efectos especiales: las maquetas. Desde su Voyage dans la lune (1902) - el pionero de los efectos especiales - George Méliès, utiliza una maqueta miniatura para mostrar el cohete terrestre plantándose en el “ojo” de la luna y creando así, una imagen que ha recorrido el mundo.
El advenimiento del cine hablado (1927) marca una primera explosión de los efectos especiales. A partir de ese momento, los cineastas deben grabar el sonido de las tomas. Como la mayoría de las películas se ruedan al exterior, los problemas de ruidos parásitos son enormes. La única solución es la de filmar, sobre todo, en estudio y dejar que los efectos especiales simulen una acción al aire libre. Esta será la edad de oro del fondo transparente, técnica famosa con la que se proyectan imágenes de un sitio al aire libre, atrás de los intérpretes que se encuentran en un estudio. Muchas de las escenas en auto, barco, avión etc. se filmaron de esa manera.
Otra gran época de los efectos especiales “clásicos” es la Segunda Guerra mundial. Para mantener en alto el ánimo de la población, Hollywood produce decenas de películas de guerra que muestran escenas con proezas de pilotos intrépidos o de marinos heróicos. Esas hazañas se realizan con la ayuda de maquetas miniatura que a menudo son muy elaboradas. Las técnicas se perfeccionan más aún con la edad de oro de la ciencia ficción en los años 50. Películas como War of the Worlds (1953) de Steven Spielberg, Forbidden Planet (1956) de Fred M. Wilcox o The Incredible Shrinking Man (1957) de Jack Arnold hacen retroceder los límites del género. Éstas son, hasta 2001 : A Space Odyssey (1968) de Stanley Kubrick, la mayor referencia en cuanto a los efectos especiales. En 1968, el lanzamiento de la epopeya espacial de Kubrick causa sensación; es un logro fruto de su perfeccionismo.
La industria de los efectos especiales progresa sin verdadera innovación hasta los años 1960, período clave en el cual, el sistema tradicional va a colapsar. Efectivamente, los realizadores de la nouvelle vague ruedan al aire libre y pueden prescindir de cualquier artificio para reproducir la realidad.
Cuando George Lucas emprende la realización de su primer Star Wars en 1976, éste se encuentra ante un desierto tecnológico. Se ve obligado a renovar el arte de los efectos especiales y multiplica con su equipo las innovaciones. Su estudio produce técnicas que revolucionan la disciplina. Siguen en vigor hasta la fecha.
A lo largo de los años 1990, el uso del ordenador se democratiza y progresivamente se convierte también en creador de imágenes. En 1993, Jurassic Park de Steven Spielberg hace comprender al mundo entero que los ordenadores son capaces de tanto, como las cámaras. Desde entonces, las aplicaciones numéricas en el cine se han multiplicado: creación de decorados y de paisajes hiperrealistas, animación de personajes virtuales, eliminación de elementos no deseados, y sobre todo, posibilidad de modificar una imagen en post-producción. Hoy en día, más que nunca, los efectos especiales contribuyen a la magia del cine.
Existe una version integral de este texto en francés, disponible el sitio internet.