El libro suizo y su ilustración
A lo largo de su historia, la ilustración del libro infantil se apodera de las técnicas existentes y emergentes como: el grabado en madera a la fibra (o al hilo), el grabado sobre cobre, la litografía, la cromolitografía, el grabado sobre acero, el grabado en madera “de pie” o “de cabeza”, la fotografía, el collage, las imágenes virtuales, etc. Algunas de estas técnicas llegaron a imponerse con cierta rapidez. La litografía - inventada en 1796 en Alemania - se empezó a utilizar a partir de los años 1820 en nuestro país, en el campo de la ilustración del libro infantil. Otras técnicas, sin embargo, requirieron más tiempo para llegar a instaurarse. Fue el caso de la fotografía en Suiza que - salvo con algunas exepciones – tuvo que esperar los años 1930 para establecerse. En efecto, es en 1933, que la casa Sauerländer de Aarau imprime Rechts, Links, Rechts : Die unsichtbare Hand durch den Verkehr und seine Tücken, de Fritz Aebli y Heinrich Pfenninger.
¿Qué sucede con la influencia de las diferentes corrientes artísticas sobre la ilustración del libro infantil en Suiza? Sin duda alguna es importante. ¿No es a caso Ernst Kreidolf, un representante prestigioso del Art Nouveau en nuestro país? La pintura campesina - tan característica de algunos de nuestros cantones- ¿no habrá encontrado, pues, en Johan Baptist Zeller, a su embajador? Los ejemplos podrían multiplicarse.
Si nos fijamos en el contenido de las ilustraciones de muchos libros infantiles, veremos que está vinculado, con frecuencia, al contexto político, social, económico, científico, técnico, etc., en el que viven los artistas.
Por ello, la naturaleza de la imagen en el libro infantil, el sitio que ocupa, el papel que desempeña y el tipo de mensajes que transmite evolucionan fundamentalmente a medida que pasa el tiempo.
La historia de la ilustración del libro infantil suizo, a inicios del siglo XIX, está marcada por la obra - sorprendente en muchos sentidos - de François Aimé Louis Dumoulin, originario de Vevey. Una obra poco conocida fuera de los pequeños círculos de historiadores de la literatura infantil y de bibliófilos.
Si se considera, con razón, que Rodolphe Töpffer es uno de los precursores del cómic o tebeo; la casi desconocida Collection de cent-cinquante gravures représentant et formant une suite non interrompue des voyages et aventures surprenantes de Robinson Crusoé de Dumoulin es - sin duda alguna - una forma de preámbulo en el surgimiento del 9° arte.
Por los años 1820-1830, las obras para niños - aparentemente sin brillo - se engalanan de un plumaje rutilante de oros y colores. La litografía se expande y la cromolitografía le sigue a partir de los años 1840. En los catálogos de los libreros de esa época, las obras para la juventud pululan. Por ejemplo, la casa Jullien de Ginebra propone, desde su fundación en 1839, varios títulos para un público juvenil. Es el caso de la Histoire d’une petite souris et d’un vieux monsieur, publicada por el año de 1870 e ilustrada por el ginebrino Francis Chomel. Éste utiliza una variante de la litografía: la autografía, que empleó abundantemente Rodolphe Töpffer algunos años antes. La autografía requería la aplicación manual del color (acuarela).
Si el fin del siglo XIX y el comienzo del siglo XX están marcados por la obra de Ernst Kreidolf, otros artistas juegan un papel importante. Es el caso, en particular, de Herbert Rikli.
En los años 1940, artistas como Ernst Huber y Cili Ringgenberg se apoderan del tema de los medios de locomoción. Las imágenes son a menudo realistas e ilustran esa Suiza de los autobuses del correo, de las rutas alpinas, de esos trenes tan emblemáticos de nuestro país, como la « Flèche rouge » y la locomotora « Crocodile », los funiculares y los famosos vapores de paleta que singlan por Lucerna o Montreux.
Lo que esos artistas representan es pues, una Suiza de tarjeta postal, en cierta forma idílica. Al igual que la representación que Johann Baptist Zeller hace de su Appenzell natal. Él es uno de los más dignos representantes de un género típico de ciertos cantones, la pintura campesina. Este artista ilustra un album en el que la iconografía está directamente inspirada de la vida tradicional de Appenzell con sus difíciles labores de ganadería, pero también con su sosiego.
El fin de los años 1940 y la década siguiente están marcadas particularmente por una expansión impresionante del libro de imágenes, particularmente en la parte germanófona del país. Se observa, por ejemplo, la aparición de unos héroes muy populares como lo es, por una parte, el Papa Moll de Edith Jonas Oppenheim, y por otra parte, el Ringi y el Zofi, frutos de la imaginación del ilustrador Hugo Laubi. Papa Moll alegra a sus lectores de la revista publicitaria mensual Junior ; le journal d’enfants des détaillants, mientras que, Ringi - el amo - y Zofi - el perro - son los porta-voces de la casa editorial Ringier de Zofingue. Ellos viven, a veces bajo cielos exóticos, todo tipo de aventuras divertidas.
Estas últimas décadas han estado marcadas por la obra de gran excelencia de Etienne Delessert. Pero sus actividades no se han limitado a la ilustración. Como editor, es cierto, Etienne Delessert ha estimulado la creación y le ha dado la oportunidad de surgir a varios artistas jóvenes. Algunos hablan de un vivero refiriéndose al relevo que ya existe en nuestro país. De ahí ha salido Albertine, cuya célebre vaca Marta, se ha convertido en una verdadera embajadora itinerante de la ilustración suiza de los libros infantiles.
Existe una versión integral de este texto en francés, disponible en el sitio internet.