Del arte fantástico a la ciencia ficción: el arte visionario de H.R. Giger

Carlos Arenas

Pocos creadores contemporáneos despiertan tanta fascinación como H.R. Giger. Este artista suizo conocido fundamentalmente por su trabajo en la película Alien (Ridley Scott, 1979), ha desarrollado una intensa carrera desde la década de los sesenta hasta la actualidad. Su peculiar obra gráfica, escultórica y pictórica, menos conocida que sus constantes colaboraciones realizadas en el medio cinematográfico, se configura como la plasmación de un universo personal, en el que Giger se erige como diseñador de formas imposibles y de mundos fantásticos propios de una pesadilla. A lo largo de su trayectoria artística ha abordado la problemática que rodea al ser humano en la época contemporánea, particularmente en la era tecnológica, realizando diversas investigaciones de carácter plástico. Ha llevado a cabo esta exploración elaborando un estilo de expresión que hace inconfundible su aportación al arte moderno, la biomecánica. En el desarrollo de este concepto juega con la fusión del mundo biológico y el tecnológico, de lo natural con lo artificial, fusionando lo orgánico y lo inorgánico. Ésta simbiosis da lugar a unos seres fantásticos y surreales a los que llamará Biomecanoides, metáforas siniestras de la condición humana fin de siècle.

Sus creaciones conforman una visión moderna del hombre en el final de milenio y reflejan las inquietudes con que afronta los retos de una nueva época. Su visión del ser humano en nuestra civilización altamente tecnificada, donde el encuentro entre la carne y el metal de las máquinas supone una relación constante y cada vez más estrecha, ha sido tratada por Giger de forma singular en la representación de su peculiar universo. Las criaturas creadas por este artista suscitan una profunda reflexión debido a su intrínseca fuerza mitogénica, a los valores estéticos de sus imágenes y a las diversas lecturas interpretativas que desprenden. La atracción que ejerce la obra de Giger en la cultura contemporánea es uno de los rasgos más interesantes que descubrimos al aproximarnos a este singular creador. Su arte provoca gran admiración en la cultura underground y de vanguardia, dentro de la cual es tratado como artista de culto, incluso un fetichismo extremo, que ha conducido a algunos fanáticos de su obra a tatuarse un cuadro suyo en la espalda o alguno de sus motivos en cualquier parte del cuerpo. Por tanto su obra no permanece cerrada, sino al contrario, se reinterpreta y está conectada con otros discursos filosóficos y artísticos contemporáneos. Además, con la irrupción en las últimas décadas de la cultura digital y el boom de la cibernética, su discurso artístico se halla actualmente en proceso de revisión y de revalorización debido a los planteamientos visionarios que se detectan en su arte. Por este motivo Giger es omnipresente en la cibercultura desde 1990, pues su imaginario constituye una importante referencia para muchos creadores postmodernos, aunque desde el mundo institucional su reconocimiento sea menor y en los libros de historia del arte su ausencia sea significativa.

Pese a que Giger es un artista difícil de clasificar, su arte conecta con otras corrientes como el surrealismo, el simbolismo o el Art Nouveau, configurando una obra que se puede situar junto a los realismos fantásticos europeos de la segunda mitad del siglo XX. Ante todo Giger es sin duda uno de los principales representantes del arte visionario y motor del arte fantástico contemporáneo. El vínculo de Giger con el arte fantástico es muy intenso desde sus inicios. Giger adoptó ya en sus primeros dibujos (Niños atómicos, 1963), la estética del horror para generar su arte y plasmar así su imaginario, desarrollando una personal y turbadora iconografía de lo siniestro y lo grotesco, que viene a ser su particular Weltanschauung. Dos son los motivos que confluyeron en el artista para marcar sus creaciones: sus obsesiones juveniles (fascinación por las armas, por la música, por los huesos y calaveras) y su afición por la literatura de terror.

Giger es fundamentalmente un artista de la imagen, preocupado por su estética y por las connotaciones literarias que se desprenden de sus figuras y composiciones. Sus obras presentan conexiones con diversos escritores y artistas, pues ha utilizado numerosas fuentes como inspiración. Por una parte, los relatos góticos de Edgar Allan Poe y posteriormente la inquietante obra literaria de Franz Kafka y Howard Philips Lovecraft. Durante los setenta su obra se torna más oscura y enigmática fruto del interés por la literatura esotérica de autores como Eliphas Levi, Aleister Crowley y Gustav Meyrink. A lo largo de su trayectoria artística, establece en ocasiones un interesante y particular diálogo con otros artistas de lo fantástico, especialmente con los surrealistas, como Hans Bellmer, René Magritte y Max Ernst, y en particular con Salvador Dalí, uno de sus principales referentes, así como con las creaciones monstruosas de El Bosco y Ernst Fuchs. Pero mayor aún es su relación con los creadores que han transitado el terreno del horror en el arte. Nos referimos a las aportaciones de Francisco de Goya y sus pinturas negras, los dibujos nocturnos de Alfred Kubin o el terror existencialista de Francis Bacon. Tampoco debemos olvidar que Giger cita con frecuencia que el mundo de los sueños es su mayor fuente de inspiración.

La repercusión de la obra de Giger en el panorama cultural de los años ochenta y noventa del pasado siglo ha sido notable en los movimientos de vanguardia en las artes plásticas y audiovisuales. Debido al carácter multifacético de su obra, su influencia se extiende a diferentes campos creativos entre los que destacan sus colaboraciones con el cine, medio en el que ha trabajado como diseñador de personajes monstruosos y atmósferas, y como artista conceptual.

Pese al gran número de proyectos cinematográficos en los que ha participado, su trabajo tan sólo se puede apreciar en 4 películas: Swissmade 2069 (Fredi M. Murer, 1968), Alien (Ridley Scott, 1979), Poltergeist II (Brian Gibson, 1986) y Species (Roger Donaldson, 1995). Sin embargo, sus diseños han sido solicitados en proyectos de gran ambición artística y conceptual que no se llegaron a realizar: los fallidos intentos de adaptación del Dune de Frank Herbert (primero fue Alejandro Jodorowsky en 1975 y después Ridley Scott en 1980), en los que Giger diseñó los gusanos de Arrakis y el castillo y mobiliario Harkonnen; The tourist (1982) para la que creó una nueva raza alienígena; y The train (1989) y Dead Star (1990) en el terreno más independiente. La controversia y el desencuentro también han acompañado su carrera cinematográfica. Salvo en Alien, en la que el entendimiento con el director, guionista y equipo de técnicos fue evidente, sus otros trabajos no han llegado a visualizarse como el artista hubiera deseado. Realizó numerosos diseños para películas que finalmente no contaron con sus ideas como Alien 3 (David Fincher, 1990), Batman Forever (Joel Schumacher, 1994), Kondom des Grauens (Martin Walz, 1996) y Species II (Peter Medak, 1998), aunque su impronta permanece latente. De un modo u otro sus visiones demoníacas y terroríficas han tenido considerable trascendencia en el cine posterior.

Sorprende que tras su aclamado trabajo en Alien, no haya participado en las películas de la saga, que conforman la tetralogía Alien, a excepción de una breve colaboración en Alien 3. Otros artistas, que prefieren desenvolver ellos mismos los diseños gigerescos, rayan peligrosamente el plagio, pues parten de los mismos conceptos sobre la biomecánica para después rediseñar el mundo alienígena como sucede en Aliens (James Cameron, 1986), y de manera más clara en Alien Resurrection (Jean Pierre Jeunet, 1997) ambas muy inspiradas en los mundos de Giger. Alien es sin duda una de las películas más influyentes del moderno cine fantástico. Si bien es cierto que su guión se basa de manera fehaciente en otros desarrollados en películas de ciencia-ficción de los años cincuenta y sesenta (como Terrore nello spazio, Mario Bava, 1965, o It, the terror from beyond space, Edward L. Cahn, 1958), su tratamiento visual es novedoso y marca una época dentro del cine contemporáneo. El éxito de Alien radica sin duda en la impactante e inquietante imaginería simbólica que despliega el film, fruto del trabajo de Giger, que diseñó todo lo relacionado con el environment extraterrestre, desde el planeta, la nave y su interior, a las fases evolutivas de la criatura espacial. Además de realizar los diseños, Giger colaboró in situ durante la fase de producción de la película, modelando y esculpiendo las figuras del decorado y los personajes monstruosos. La trascendencia de Alien y de sus colaboraciones con el mundo del cine han convertido a Giger en un artista prestigioso dentro de este ámbito, siendo para muchos el diseñador de monstruos más importante. Giger cambió el look del cine de ciencia-ficción contemporánea por lo que su influencia es notable en la cinematografía postmoderna, particularmente en el género fantástico. Desde Alien se instaura un nuevo look oscuro y siniestro en el género cuyo influjo llega hasta la actualidad.

Muchos films del fantástico reflejan deudas con lo gigeresco, en especial los que presentan bestias infrahumanas asesinas que habitan en mundos de pesadilla: entre ellas Scared to death (Bill Malone, 1980), Predator (John McTiernan, 1987), The Thing (John Carpenter, 1982), Galaxy of terror (B.D. Clark 1981), Deep Rising (Stephen Sommers, 1995) y Pitch Black (David Twohy, 1999), abarcando así el cine de las dos últimas décadas. Reseñable es también la influencia de Giger en las películas de la saga Matrix (Andy y Larry Wachowsky, 1999-2003) en las que aparecen criaturas biomecánicas y otros seres que reafirman las propuestas visionarias de Giger. Incluso la estética del videoclip se apropia de motivos de Giger como se puede comprobar en el tema musical de Michael Jackson Captain Eo (1986) donde un personaje (Angelica Huston) luce un traje biomecánico con reminiscencias de Alien.

También se puede considerar a Giger como uno de los pioneros en la concepción y desarrollo de una nueva identidad artística y sensibilidad estética postmoderna conocida como Nueva Carne, término acuñado a partir de la película de David Cronenberg Videodrome (1982). Las pinturas de Giger, las películas de Cronenberg, las fotografías de Joel-Peter Witkin y los textos de Clive Barker, constituyen un conjunto de visiones e imágenes que se adscriben a este género, en el que el cuerpo humano y su alteración química y tecnológica, en definitiva la degeneración carnal, constituyen una nueva belleza plástica basada en lo abyecto. Además del cine, el arte de Giger ha influido en diferentes campos como la literatura cyberpunk, el desarrollo de las temáticas cyborg, el videojuego (Dark seed se inspira en sus paisajes biomecánicos), el cómic o el arte underground (tatuaje y estéticas del tecno-rock y heavy metal, ejemplificadas en la obra de Joachim Luetke). La atracción y fuerza visual de sus imágenes y su importante repercusión en el audiovisual contemporáneo es trascendental para entender el destacado papel que sus creaciones han tenido en las diferentes manifestaciones artísticas y culturales actuales.