Panorama del cine fantástico suizo

Michel Vust

Pese a que sólo representa una parte mínima en la historia del cine helvético, lo fantástico no deja de brindar un aspecto rico, diversificado y a menudo original. Ya sea puntualmente o a través de varias películas, los cineastas suizos han hecho incursiones en el terreno de lo fantástico.

Sin duda alguna, Daniel Schmid es el cineasta suizo que ha explorado con mayor regularidad y habilidad este terreno. En su segundo largo metraje, La Paloma (1974), Schmid pone en escena la dramática historia de amor entre Isidore y Viola, como una fotonovela barroca y voluptuosa, como una colección de tomas a la vez vulgares y sofisticadas donde cohabitan lo empalagoso y lo grotesco. Más explícitamente fantástica es su película, Jenatsch (1987). Ahí, sigue la encuesta de un periodista obsesionado por un revolucionario de los Grisones. Destrozado por lo que percibe, pierde contacto con la realidad y penetra en una especie de 4° dimensión, en una zona de transición hacia el siglo XVII. Pero Schmid también sabe emplear el humor, el sosiego y el ensueño, como lo demuestra en Hors Saison (1992), ahí, el narrador regresa al hotel donde transcurrió su infancia, para encontrarse con unos personajes inalterados por el tiempo y con el mismo ambiente de antaño. Proyección, encanto, desdoblamiento, presencia fantomática del pasado son temas que han sido magistralmente tratados por Schmid, y que han inspirado a muchos compatriotas.

Fredi Murer realiza, en 1969, un film sobre “la Suiza del porvenir”, un encargo de la Banque Populaire Suisse. Su película 2069 sigue la expedición de un extra-terrestre – creado por HR Giger –, cuyo casco-caparazón tiene una cámara incrustada. Testigo mudo y casi somnámbulo, el extra-terrestre filma a distancia, los últimos coletazos de una sociedad perfecta, toda en hormigón y administrada al exceso, perturbada únicamente por la existencia de algunos marginales y que terminará desapareciendo tras una misteriosa catástrofe. Diez años más tarde, con Grauzone, Murer vuelve al tema.

En la Histoire du cinéma suisse Hervé Dumont se refiere a L’inconnu de Shandigor de Jean-Louis Roy (1967) – eje entre “el período de producción comercial y el de un cine suizo de autor que nace” – como: “una extraña historieta de ciencia ficción no conformista”.

Clemens Klopfenstein no duda en describir el más allá en Macao (1988). De la muerte nos da una visión idílica o casi, la de una isla propiamente paradisíaca. Su único defecto, es el de no poder huir de allí con facilidad. Tres años antes, su fantasía jocosa ya había desafiado la inquietud ambiente para entregar Der Ruf der Sybilla. Esta es, a lo mejor, la única película suiza auténticamente “maravillosa”, en la que una poción mágica permite realizar los sueños y en la que, al morir, los protagonistas se metamorfosean en árboles.

A partir de los años 1990, los recién llegados, nutridos de referencias distintas, orientados a menudo hacia los géneros canónicos, van ocupando progresivamente la parte delantera del escenario. Algunos perpetúan una tradición estética de discreción, de austeridad, de rechazo de lo llamativo, mientras que otros se liberan de ella y desarrollan procesos más espectaculares que favorecen sobre todo la evolución de las tecnologías numéricas.

Un amplio campo de posibles se ofrece hoy a los cineastas suizos. Por ejemplo, tan sólo entre los años 2004 y 2007, surgieron nuevos intentos y registros. En Karim Patwa’s Spaceship (2004), Karim Patwa presentaba a la vez, un ensayo de genealogía y una película de ciencia ficción cheap y extravagante; en 2005, la última realización de Clemens Klopfenstein, Die Vogelpredigt, mezclaba el mito y la irrisión, lo grotesco y lo sublime; la película de Michael Steiner, Mein Name ist Eugen - gran éxito del 2006 – estaba constelada de toques mágicos; mientras que en I Was a Swiss Banker (2007), Thomas Imbach se iniciaba recién en un cuento de hadas experimental y decididamente nebuloso; finalmente, el film de apertura de las Jornadas cinematográficas de Soleure en 2006, Marmorera – un thriller sobrenatural con fondo de maldición – concretizó el ya antiguo interés de Markus Fischer por el género fantástico. Viendo esa diversidad cresciente, que se confirma con la multiplicación de cortometrajes fantásticos que se producen cada año en todas las regiones del país, apostemos a que Suiza podrá seguir interrogándose y divirtiendo con este tipo de cine.

 

Existe una version integral de este texto en francés, disponible sobre el sitio internet.